Emergencias aurales. Prácticas de escucha en la Argentina contemporánea.
Proyecto de investigación acreditado
2025 - 2027

INTREGRANTES
Director: Raúl Minsburg
María Vanesa Ruffa
Victoria Polti
Gabriela Munguía
Daniel Judkovski
Luis Sticco _ Tesista de Posgrado
Diego Makedonsky _ Tesista de Posgrado
Virginia Barquiza _ Tesista de Posgrado
Ada Gómiz - Estudiante de Grado
Alejandro Clemente - Estudiante de Grado
DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
Este proyecto busca desarrollar y expandir la reflexión crítica, articulando conocimientos y experiencias, a partir de la investigación de diversas prácticas y campos de escucha a desplegarse en cuatro áreas de trabajo: socio política, educación, posthumanismo y activismos feministas.
La escucha como actividad y campo epistemológico se ubica entre los intereses centrales de un número cada vez mayor de especialistas relacionados con el sonido así como de un número creciente de investigadores/as que abordan el tema desde diferentes disciplinas. Los/as artistas que trabajan con sonido también se interrogan frecuentemente sobre la escucha; una búsqueda que se plasma en obras o trabajos escritos. El tema es abordado desde nuevos enfoques, campos y obras que muestran que la escucha necesita ser repensada, especialmente a partir de la irrupción de nuevas prácticas sonoras –más que musicales–, derivadas del uso de la tecnología, particularmente de la grabación, durante el siglo XX. Un siglo al que Ana María Ochoa Gautier denomina “el siglo del sonido”, en la medida en que comprende un tiempo caracterizado por la intensificación de lo sonoro, entendida como “una modernidad que no se define necesariamente desde la escritura como medio primario de adquisición de conocimiento ni por modelos desarrollistas basados en una noción lineal del progreso” (2004: online). Esta intensificación se incrementa de manera exponencial en el siglo XXI, con la masificación y portabilidad de las tecnologías vinculadas a la reproducción, grabación, almacenamiento y transformación del sonido.
Desde una perspectiva histórica, ya en 1966 Pierre Schaeffer conceptualiza cuatro escuchas. Después de más de dieciocho años de experimentación e investigación sonora, el autor desarrolla una aproximación analítica diferente al fenómeno sonoro-musical por medio de la escucha. Lo que en un primer momento se llamó música concreta, tiene como una de sus particularidades la de ser un tipo de música que no necesita partitura, por lo que la única posibilidad de analizarla es por medio de la escucha. Fue necesario desarrollar diferentes y nuevos modelos de análisis para los cuales se requería a su vez estudiar la experiencia auditiva. En este punto el aporte de Schaeffer fue fundamental, sobre todo a partir del desarrollo del concepto de escucha reducida. Ésta no fue la única propuesta de clasificación de la escucha musical. Se podrían mencionar las de Michel Chion, Denis Smalley, François Delalande o la de Pauline Oliveros, cuyo concepto de escucha profunda no es solo una propuesta analítica sino también una práctica de expansión perceptiva. Sin embargo, las categorías de Schaeffer fueron consideradas –aun hasta hoy– como clasificaciones pertinentes, adoptables y adaptables pedagógicamente y, en cierta forma, definieron un esquema clásico de categorización. No obstante, a partir del surgimiento de otras corrientes de pensamiento y de nuevas prácticas artísticas –especialmente el conjunto al que se denomina arte sonoro–, así como de un nuevo campo de estudio, los Estudios Sonoros, aquellas esquematizaciones comenzaron a resultar incompletas y se las empezó a considerar de carácter introductorio a una problemática con más aristas y complejidades, que pone en cuestión la universalización de modos de escucha elaborada desde un país europeo. La escucha es una actividad, una inter-actividad que, a diferencia del oír, involucra una actitud, un vínculo, la construcción de sentido/s y un compromiso no solamente con la música o con un hecho artístico sino con los sonidos del espacio que nos rodea. La escucha es situada, y esto en un doble sentido: en la relación con cada entorno o contexto particular de quien escucha, y a la vez, en tanto esa relación parte de una subjetividad individual que está determinada por un contexto socio cultural. Esa conciencia de lo situado hace que sea más apropiado hablar de escuchas en plural, de una diversidad de escuchas. A partir de esta pluralidad, y no desde una singularidad universal, es posible elaborar otras aproximaciones hacia el fenómeno de la/s escucha/s.
En los últimos años se ha desarrollado un interés generalizado desde diversas áreas académicas por incorporar la dimensión sonora como objeto de estudio. Disciplinas como la filosofía, la estética, la antropología, la sociología, la historia, la física, los estudios ambientales o ecológicos, la biología, la arquitectura, las ciencias de la comunicación y las versiones más contemporáneas de la musicología y la etnomusicología han comenzado a incorporar lo sonoro como una ampliación de su objeto de estudio. Esta producción vasta conforma un campo interdisciplinario que se configura a comienzos del siglo XXI y se denomina Estudios Sonoros, definido por la investigadora Mayra Estévez Trujillo como aquel campo “cuyo fin último es establecer una perspectiva epistemológica y política de las prácticas experimentales con sonido, en diálogo con proyectos provenientes de los Estudios Culturales, como son el proyecto modernidad/colonialidad, las teorías poscoloniales y los estudios subalternos” (2008:18). Cuestiones como la construcción social de las categorías sonido, silencio o ruido; el paisaje y el territorio desde una perspectiva sonora y sus problemáticas históricas y regionales; el uso del sonido y el silencio como control social; la percepción, cognición y la memoria sonora; la dimensión performática del sonido en las prácticas sociales y políticas; el sonido como patrimonio; los regímenes de sonoridad y auralidad constituyen algunas de las nuevas propuestas enmarcadas en este campo de estudios. Es en este contexto, en el que los Estudios Sonoros abren la posibilidad de considerar la dimensión sonora como un aspecto constitutivo y constituyente de las sociedades en un sentido amplio, donde surge el concepto de auralidad, que, de acuerdo a Amanda Minks y Ana María Ochoa Gautier, es un término que abarca “prácticas de escucha inmediatas y mediadas que construyen percepciones y comprensiones de la naturaleza, los cuerpos, las voces y las tecnologías en momentos y lugares particulares” (2021: 25). En el mismo sentido Ana Lidia Domínguez se refiere al “giro aural”, el cual “propone una aproximación descentrada del sonido como índice y del oído como mero mecanismo receptor, para volcarse sobre los fenómenos de comprensión a través de la escucha”.
Partiendo de este marco teórico y conceptual en torno a la auralidad, este proyecto plantea un abordaje crítico de diversas prácticas y campos de escucha y sus sentidos sociopolíticos, educativos y vinculados a los activismos feministas y el posthumanismo. En un contexto mundial afectado por la guerra, donde los efectos del cambio climático se multiplican en sequías, inundaciones, olas record de calor o de frío a nivel planetario, en medio de una situación local dominada por la incertidumbre política, social, ambiental y económica, proponemos repensar la escucha y la auralidad en el presente desde una posición activa que contribuya a construir formas de conocimiento situado, en contexto, atento y sensible a vivencias individuales y/o experiencias colectivas que puedan hacer sonar el mundo de otros modos que es necesario aprender a escuchar.